La Naturaleza es una medicina 

08.09.2018

Por qué estar rodeado de la naturaleza es bueno para la salud ??? 

Todos sabemos que forma parte de la sabiduría popular, del sentido común.  Sin embargo, los médicos no recomiendan paseos por la montaña, no preguntan qué vistas tenemos desde nuestras casas y cuánto tiempo dedicamos a conectarnos con la naturaleza. Deberían hacerlo si tuvieran en cuenta los estudios científicos que prueban la profundidad de los efectos que los entornos naturales ejercen sobre el organismo.

La medicina también está en el aire

Nuestro organismo está en constante contacto con el entorno 

El sistema inmunitario es sensorial y se encuentra en intercambio permanente con los sistemas nervioso y hormonal, y además con el ambiente. 

El sistema inmunitario, por ejemplo, es sensible a la acción de los terpenos (compuestos aromáticos emitidos por las plantas y que se encuentran en miles de especies de plantas. Ellos son responsables de los diferentes sabores y aromas que sirven para protegerse y para comunicarse entre sí.

Los bosques, los ecosistemas, son comunidades inteligentes y de una complejidad maravillosa donde el flujo de terpenos constituye un medio de comunicación, un lenguaje. 


Un entorno hostil produce desequilibrio


El ruido, el tráfico, la mala cara de un jefe, las superficies rectas, duras y afiladas o el exceso de estímulos nos ponen en tensión. Nos sentimos ansiosos, cansados y bloqueados.

Cuando esta situación se mantiene aparecen problemas de concentración, insomnio, depresión, pánico, disfunciones digestivas e infecciones. Estos factores desempeñan también cierto papel en el origen del cáncer. Activar el modo relajación.

Ulrich, junto con otros expertos, ha desarrollado la Aesthetic-Affective-Theory, es decir, la "teoría estéticoafectiva". Según esta tesis, existen determinadas percepciones sensoriales que nos dicen "relájate", aunque no seamos conscientes de ello.

Es lo que ocurre en un medio natural acogedor. El canto de los pájaros no lo sentimos como una amenaza y nos relaja. Lo mismo puede decirse del murmullo de un arroyo o un arbusto lleno de bayas. Sentimos que están cerca el alimento y el agua que traen la vida.

Las flores también nos encantan porque se relacionan con frutos deliciosos (y con el amor, pues responden a la necesidad de reproducirse de la planta).

A la gran mayoría de personas le sienta bien estar en determinado tipo de paisaje. En él hay árboles que para nuestros antepasados eran un emplazamiento seguro para dormir y comer. También hay un arroyo, un río tranquilo, un lago de aguas cristalinas o una pequeña cascada. Hay numerosos olores que nos tranquilizan.

Son estímulos visuales, ruidos y aromas que crean las bases neurobiológicas para sentirnos bien. Los espacios con estas características nos parecen paradisiacos. Nos recuerdan a la sabana africana, el hogar de los primeros seres humanos.

Los parques urbanos los recrean y consiguen un efecto similar sobre nuestro organismo.


Por eso Clemens G. Arvay afirma:

  "¡no existe mejor psicólogo que la naturaleza!"